Los granjeros de Australia buscan renacer en en medio de los feroces incendios

Steve Bellchambers cava un hoyo para enterrar los restos del ganado carbonizado por el fuego que arrasó su granja en Batlow, en el sureste de Australia, donde una

decena de habitantes desafió las órdenes de evacuación de las autoridades y eligió quedarse para proteger a sus animales.

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Bellchambers, de 45 años, perdió su casa y muchos de sus animales. Se vio obligado a abatir a algunos de ellos, gravemente quemados, para poner fin a su sufrimiento. Este padre de cuatro hijos logró salvar algunos caballos. “El olor permanece en la memoria”, explica a la AFP.

Desde el inicio de estos devastadores incendios forestales en septiembre, unos 80.000 km2 se incendiaron en todo el país, una superficie equivalente a Irlanda o al estado de Carolina del Sur.

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Los incendios son otro duro golpe para los agricultores australianos, que ya han sufrido una terrible sequía. A través de la inmensa isla continente, decenas de miles de cabezas de ganado han muerto.

Bellchambers explica que la población de Batlow -un pueblo de 1.000 habitantes- prometió apoyarse mutuamente. “El hecho que la gente no llore no significa que no sufra interiormente”, señala. “Muchas personas funcionan gracias a la adrenalina. Tienen que seguir avanzando porque una vez que se detienen, caen”, explica.

Desde lejos, Stephenie Bailey presenció con terror las “tormentas de fuego”, cuyos rayos devastadores no van acompañados de lluvia, que destruyeron parte de su huerto.