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Sin fiestas ni boliches, la noche sub 23 en Pinamar empieza en “paradores tranqui” a las 4 AM

Redacción TN by Redacción TN
5 enero, 2020
in Sociedad
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Hay rumores de una gran fiesta en la playa en la segunda quincena de enero. Pero el municipio aún no dio el ok. Una multitud de cuerpos danzantes la esperan en Pinamar.

En una temporada “estallada” de turistas, las vacaciones en en esta zona de la costa atlántica se volvieron más familiares que en épocas anteriores, donde la noche era infinita. En horarios y excesos. 

Los sub 23 eligen los paradores, más “tranqui”, porque para “boliche boliche”, hay que ir hasta Pueblo Límite en Villa Gesell. Igual, salen a las 4 de la mañana, llegan caminando y pagan entradas de hasta $ 400, aunque ruegan por el 2×1. Sólo les importa que haya trap.

“Faltan boliches en Pinamar”. La queja de Matías Santangelo suena fuerte el sábado a la noche en esta zona de la costa atlántica. No está en su casa mirando Netflix. Está parado en un bar del centro, con un grupo de amigos de Belgrano que, como él, apenas siguen el ritmo del DJ con los hombros.

Los sub 23 tienen varias opciones en la playa. Los más grandes no encuentran dónde ir. Foto: Fernando Orden / Enviado especial

Los sub 23 tienen varias opciones en la playa. Los más grandes no encuentran dónde ir. Foto: Fernando Orden / Enviado especial

Es que Matías tiene 32 años y -a diferencia a de los más jóvenes, que no saben lo que fue- extraña el mítico boliche Ku. Cuando cae el sol, a los salidores más maduros les cuesta encontrar su lugar.

Es la tercera temporada que en Pinamar no está ese enorme boliche -ícono de la costa en los 90s- que juntaba 8.000 personas por noche de jueves a domingo. En 2015 sus dueños lo vendieron a Energy Group, vinculada a Víctor Stinfale y la tragedia de la Time Warp, en Costa Salguero. Antes, habían sido años de polémica por el ingreso ilegal sistemático de menores de edad.

Sin ese boliche, entonces, que atraía a chicos y chicas de entre 15 y 19 años, aunque también a los de 25, la noche en Pinamar está “más tranquila”.

“Desde hace dos años mejoró el ambiente de la noche. Es todo más tranquilo. Y de hecho este año noté que está mucho mejor, menos descontrol”, dice Amadeo Biolotto. Tiene 23 años, estudia Derecho, trabaja en Tribunales y alterna salida entre UFO POINT y Super XV. “No hay otro boliche. Ya después tenés que ir a Gesell”, dice.

La noche de Pinamar. El parador Boutique es el elegido por los más jóvenes para ir a bailar. Foto: Fernando Orden / Enviado especial

La noche de Pinamar. El parador Boutique es el elegido por los más jóvenes para ir a bailar. Foto: Fernando Orden / Enviado especial

También, más “desperdigada”: dividida por edades y la grieta trap (Paulo Londro para los sub 23) o electrónica comercial (para los más grandes: el rock en inglés de los 80s y 90s, remixado, siempre está muy bien).

Por los costos asociados a la noche pinamarense -entrada y tragos- se sale una sola vez en la semana: los miércoles. Después, como ley, viernes y sábado. Los que eligen boliche son los más chicos, que no tienen presupuesto para consumir en bares. Toman antes de entrar.

La previa -o “el pre”, como le dicen- es en la calle. Sobre la caja de una 4×4 o con el baúl del auto abierto y la música saliendo por cada ventanilla. Son más de las 3.30 de la mañana y Sabrina Zalazar (19), de Wilde, baila con sus amigos pegada a uno de esos autos.

“Se hace muy largo esperar para entrar. Así que cuando ya no haya tanta fila entramos directo. Mientras, la fiesta empieza acá”, dice, y baja la cola hasta el piso por una canción. “Conseguimos las entradas a 400 pesos, en 2×1. Contactos, viste”, chapea Sofía Dorado, que es de Recoleta y también bajó. “Tal vez..tararatarararra. Acá también suena Paulo Londra. Aguantemos un poco”, dice Gian Parlapiano (21), tarareando el hitazo.

Chicas hacen fila para que les revisen sus documentos entrar a bailar en el parador Boutique. Foto: Fernando de la Orden / enviado Especial

Chicas hacen fila para que les revisen sus documentos entrar a bailar en el parador Boutique. Foto: Fernando de la Orden / enviado Especial

No hay descontrol. Son chicos diviertiéndose. A metros de ellos, que están por entrar al parador Boutique, hay un UTV de la Policía. Cuida que no pasen vehículos a alta velocidad. Es que por esas calles de arena -muy cerca de donde estaba Ku- chicos en zapatillas y chicas en plataformas caminan hacia el parador ante el llamado del imán: Londra y su trap.

El parador Boutique, de noche, recibe el público más joven: de 18 a 23 años. La larga fila para entrar es consecuencia de que hay dos controles vallados donde se chequea, DNI por DNI, que no ingrese nadie menor de 18 años. Ahí no hay “contactos” que valgan por WhatsApp. Clarín fue testigo del ruego de una chica que juró haberse olvidado el documento, rogó, volvió a rogar y rebotó.

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El campari está $ 250, la cerveza $ 200 y hay combos de Baron B por $ 2.300. Una interesante decisión del parador es no vender shots de tequila, para evitar ese habitual consumo de los jóvenes en la costa, cuando salen a bailar en grupo.

Después está Super XV, una suerte boliche abierto, pero no tan masivo como los de Gesell, donde los que tienen 30 o un poco más se sienten cómodos. Los más grandes, al clásico UFO POINT, sobre la costa, donde la entrada está $ 600. Otro extremo, más cachengue y también para los salidores definitivamente maduros, es La Luna. Es histórico, funciona todo el año y su público principal son los jóvenes pinamarenses mayores de 28.

El inventor de la noche pinamarense 

“El parador Boutique es el boliche que reemplazó a Ku, se quedó con ese público más joven”, dice a Clarín Mike Cameroni. Es quien inventó la noche de Pinamar en los 90s. Fue RR.PP. de Ku durante 15 años y recibía a los famosos con VIP access. Él, que conoce cómo nadie a  los cuerpos danzantes, remarca esta noche “desperdigada”.

“Los adolescentes que iban a Ku ahora van a UFO Point o a Freda’s Beach (abrió el viernes y el sábado y reclutó a esos salidores “maduros” en el after beach de una marca de cerveza). “La gente de 25, 30, 40 y para arriba hoy en día no tiene un lugar para bailar. Tienen restaurantes y bares. La fiesta de blanco es una opción”, dice, sobre el evento para el que habrá que esperar hasta el 25 de enero. No tiene data de si la esperada fiesta en la playa, ésa que aún no tiene el ok del municipio, será “difícil de controlar” o no .

Alrededor de los locales están los efectivos del operativo Sol, tres por boliche. Y sobre Libertador hay controles de tránsito y alcoholemia. Por eso los chicos van caminando a Boutique. Uber no se usa y para ir hasta Gesell necesitan que alguien del grupo no tome.

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“Hoy soy la conductora asignada, no me molesta para nada. Vine con mis primas y la próxima le tocará a alguna de ellas. Está todo súper controlado, no hay necesidad de arriesgarse a que pase algo o a que te saquen el auto”, dice Guadalupe Sotelo Vionnet, de Capilla del Señor.

Está en Super XV, ubicado frente al viejo Ku y muy concurrido, que ofrece banda en vivo de rock y, después de la 1, esa electrónica comercial  para bailar que tanto valoran los de más de 25 años. Además, la frescura de que sea sobre madera y al aire libre. Su púbico podría definirse como “el de las cervecerías”, con el plus de poder pararse y bailar, con dance floor y VIP. 

“Igual nos vamos a quedar acá. Está muy bueno. Gente de nuestra edad. Me encanta”, agrega Candelaria Diez Ojeda, prima de “Guada”, una tucumana de 26 años. Si a la noche tienen hambre, ahí también pueden disfrutar panqueques dulces y saldados ($ 200, en promedio).

Dos lugares muy concurridos veranos anteriores, también en la zona sur, como Boutique, fueron inhabilitados en 2018 por no cumplir con las normativas, como Sabbia-, o no aptos como locales bailables -como Mr. Jones-. Por el estallido de la temporada 2020 se creía que este año “Sabbia volvía a abrir”. No pasó. Seguirá cerrado. Como Ku.

Pinamar. Enviada especial

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  • Pinamar

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