
El (nuevo) oficialismo lo hizo. Consiguió el trámite exprés que buscaba, y en 48 horas el Congreso sancionó la ley de superpoderes al Ejecutivo, con sus nueve emergencias, ajuste fiscal y
suspensión de la movilidad jubilatoria, volteando el cálculo de ajuste por inflación.
Hay que ir a mayo de 2017 para encontrar semejante celeridad legislativa: en 24 horas (y de manera unánime) tanto Diputados como el Senado votaron la ley que excluía a los autores de delitos de lesa humanidad del beneficio del 2 x 1. Tan rápido fue todo esa vez que la multitudinaria concentración convocada en Plaza de Mayo para repudiar el fallo de la Corte Suprema que había aplicado dado el beneficio a un represor condenado, terminó siendo un festejo de la sanción de la ley que impuso límites, en un Congreso que se hizo eco de la reacción social.
La luz verde a los superpoderes que reclamó el nuevo Gobierno se daba por descontada en el Senado, donde manda la vicepresidenta Cristina Kirchner y la bancada unificada del Frente de Todos tiene 41 miembros que le dan quórum propio y mayoría.
En Diputados, en cambio, el presidente de la Cámara, Sergio Massa, y el jefe de la bancada del Frente de Todos, Máximo Kirchner, debieron estrenar acuerdos con los dos interbloques “federales” que se constituyeron en actores clave para constituir mayoría: el Unidad Federal para el Desarrollo (8 miembros) que preside el mendocino José Luis Ramón; y el Federal, de Eduardo Bucca y Graciela Camaño (11).
Massa había tejido con Ramón la constitución de ese bloque con diputados “sueltos” que no querían ser aspirados por los “tanques” polarizadores del FdT y Juntos por el Cambio.
Con el mendocino están los 3 diputados que se fueron de Cambiemos y fueron tildados de “traidores” por Mauricio Macri: Pablo Ansaloni (de la Uatre) y el santacruceño Antonio Carambia; y la tucumana Beatriz Avila. También los 3 misioneros que resistieron su absorción en el FdT bajo el mando de Máximo K; y el rionegrino Luis Di Giácomo.
Ramón tuvo fama cuando se debatió el aborto en 2018, por su capacidad de darse vueltas: dio entrevistas a medios nacionales, diciendo que votaba a favor pese a su formación católica e incluso convicciones; dio argumentos sesudos y reflexivos. Pero un par de días después se desdijo de todo, sin ponerse colorado.
En su provincia se lo tiene como un ecléctico, que se pasea por las calles de Mendoza en su “ramoneta” con un megáfono haciendo oír sus reclamos en contra del ajuste y los tarifazos.
Llegó al Congreso como extrapartidario del Partido Intransigente, pero se peleó y armó Protectora. Un personaje histriónico, irónico y crítico; aunque fácil de cambiar de posición y, últimamente de partido. Por el escándalo de la voltereta en el tema aborto, en 2018 Martín Lousteau echó a Ramón de su interbloque, del que era parte.
El otro interbloque que fue clave para el quórum y lo será en las alianzas parlamentarias, es el de la “lavagnista” Camaño (Roberto Lavagna hizo un acuerdo mayor con la Casa Rosada) y dos “sobrevivientes” del Bloque Justicialista -peronistas no K- que no partieron al FdT: Bucca -quien preside el interbloque- y el misionero Miguel Zottos. Con ellos negoció el Frente de Todos varios cambios a la ley.
En ese interbloque también están los 4 cordobeses que responden al gobernador Juan Schiaretti, y dos santafesinos, el socialista Enrique Estévez y Luis Contigiani, del Frente Cívico y Social. Camaño estuvo al final ausente de la votación, y Contigiani votó en contra. Muchos creen que este interbloque hoy reducido podría ser plataforma de aterrizaje si la dinámica política y económica resiente “la unidad de todes” del peronismo con el kirchnerismo y La Cámpora.
Informe: Roxana Badaloni Mendoza. Corresponsal
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