
Alberto Fernández y Felipe Solá prometieron que la Cancillería recuperará el manejo del comercio exterior. Este comenzó a perderse cuando el Ministerio fue colonizado por la agrupación La Cámpora durante el
gobierno de Cristina Kirchner, pero fue desguazado por la gestión de Mauricio Macri.
Esa promesa podría empezar a cumplirse si en la nueva ley de ministerios de la era Alberto Fernández, la Cancillería recupera el nombre que tuvo hasta diciembre de 2015: Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto. Pero no será funcional igual, dijeron todas las fuentes consultadas, si no recupera la parte del presupuesto que perdió –unos 300 millones de dólares al año-. Este monto, aproximado, se lo concedieron a la ostentosa Agencia de Inversiones, de cuyo control se adueñó el ex ministro de Producción, Francisco Cabrera, cuando enfrentó, por su cercanía a Mauricio Macri, a la ex canciller Susana Malcorra, que perdió esa batalla. La puja ahora podría darse igual entre Solá y su equipo con el de Matías Kulfas, futuro ministro de Producción.
La Agencia de Inversiones tuvo escasos o ningún resultado. Y en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto -tal su nombre en los últimos cuatro años- quedaron girando o transferidos a Producción, diplomáticos de consejeros a embajadores, especializados en comercio exterior, negociaciones internacionales, y promoción de las exportaciones, ferias y misiones comerciales, ya formados desde que, a principios de los noventa, el ex canciller y ministro de Economía, Domingo Cavallo le diera este manejo a la Cancillería.
Según pudo saber Clarin, Solá piensa nombrar vicecanciller a Pablo Tettamanti, embajador de carrera, de larga experiencia, ex jefe de la embajada en Rusia, aunque relegado en los años de Cambiemos. El futuro ministro se rodeará de leales. Piensa en su amigo y diputado Fernando Asencio para jefe de Gabinete o para secretario de Relaciones Institucionales -el que mantiene las relaciones con Provincias y municipios-. Al tandilense Martín Yañez, su asesor en Diputados hasta ahora, lo pondría a manejar el esquema de gastos del Ministerio que, cuando vuelva Comercio Exterior será más abultado.Para este último puesto estuvo pensado Mariano Kestelboim, hijo de exiliados en México durante la dictadura -los “argenmex”- más cercano al camporismo y el kirchnerismo, que Felipe abría frenado para darle el puesto al tucumano Jorge Neme, ex secretario de Relaciones Internacionales del gobernador Juan Manzur. Neme fue denunciado en la justicia por presuntas irregularidades, pero en una situación confusa ya que fueron denuncias anónimas. El dirigente peronista Guillermo Olivieri volverá a ser el Secretario de Culto, que maneja los asuntos con el Papa Francisco.
La cancillería económica tuvo su esplender en el pasado cuando Martín Redrado ejerció como secretario de Relaciones Económicas y Comercio Internacional -un virtual vicecanciller económico- de Eduardo Duhalde y luego de Néstor Kirchner. Con algunas modificaciones le siguieron en el cargo los embajadores de carrera Alfredo Chiaradía, y Luis María Kreckler, quien asumió también el control de las inversiones.
Al irrumpir la Cámpora en el Ministerio, el ex secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno -enemigo de Axel Kicillof- logró que Cristina Kirchner le confiriera el manejo del comercio exterior bajo la órbita de Economía. Pero fue de hecho -vale recordar su exótica misión comercial a Angola- y no de derecho. Fue cuando Macri asumió que, por ley de ministerio, la Cancillería perdió todo el comercio exterior hasta en el nombre.
El saliente canciller Jorge Faurie cargó con la furia de sus colegas. “La Cancillería asumió hace más de dos décadas funciones en materia económico-comercial y de inversiones, incorporando a los funcionarios del servicio económico y comercial exterior, momento en que se priorizó la agenda y tal perfil en los ingresantes al ISEN, entre otras medidas”, lo espetó Marta Aguirre, titular del APSEN, en el último festejo por el Día del Diplomático. Tan tensas estaban las cosas que, siendo embajador de carrera, Faurie pegó un faltazo al cóctel. “Consideramos que los funcionarios diplomáticos, altamente capacitados en materia económico-comercial, se encuentran plenamente habilitados para llevar adelante las actividades de promoción comercial, como lo vienen haciendo con gran profesionalismo en el exterior, por lo que aspiramos a que dichas competencias retornen a este ministerio”, sentenció la funcionaria, quien también lo enfrentó -entre otras cuestiones- por unos intentos sobre el final de la gestión de Macri de modificarles el sistema de jubilaciones, enganchado al de los jueces, y por cierto generoso.
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