
Un Especial de Clarín recibió este viernes el Premio Mayor a la investigación que otorga Fopea. Se trata del trabajo “Abusos en las colonias del Provolo: cómo eran los
veranos del horror para los chicos sordos”, de la corresponsal del diario en Italia, Marina Artusa. Durante la premiación, ya había sido galardonado en la categoría Prensa Escrita de Alcance Nacional y luego fue elegido entre todos los galardonados.
La cobertura reconstruyó los pasos de Eliseo Pirmati, de 83 años, el religioso veronés acusado de cometer abusos sexuales a menores sordomudos en Italia y en La Plata y que Argentina pidió extraditar. Clarín también habló con algunos de los cientos de chicos sordos que el Instituto Provolo de Verona, en el Véneto italiano, se jactaba de educar y criar en la misericordia de Dios.
Otro Especial de Clarín , “La ruta del agua mala”, sobre el arsénico que acecha a los pobladores del Norte del país, de la periodista Emilia Vexler, fue finalista en la categoría Medios Digitales.
Las víctimas del Provolo hoy tienen 70 años y aún conservan las cicatrices de esas noches templadas de inicios de los 60 en las que Pirmati los sacaba de la cama con total impunidad y sin lenguaje de señas. Durante los meses de julio y agosto, las distintas sedes que el Provolo tenía en Italia trasladaban a los chicos sordomudos a Cervia. Allí, según el informe de la corresponsal, las vejaciones se volvían más despiadadas que las que se cometían en tiempo de clases: el tiempo libre, los horarios flexibles y las actividades recreativas sin las coordenadas del año lectivo desataban la lascivia de los abusadores, curas y laicos consagrados, que se amparaban en el silencio involuntario de sus víctimas.
“A mí me daba más miedo el abuso en la colonia de vacaciones que cuando me violentaban en el Instituto”, confiesa a la corresponsal Gianni Bisoli, quien se quedó sordo a los 8 años y a quién los curas del Provolo llamaban “El bello”.
“Pirmati, por ejemplo, me sacaba de la cama y me llevaba a la intemperie, en la oscuridad de la noche de Cervia. Era verano, no hacía frío, pero no se veía nada. Pirmati me hacía bajar los pantalones y quedarme con los brazos en alto. Me manoseaba, me obligaba a masturbarme”. Tanto él como otra de las víctimas que hablaron para el informe de Clarín, Pierpaolo Zanatta, afirmaron que también fueron abusados por Nicola Corradi, el cura italiano que fue detenido en 2016 en Argentina y que acaba de ser condenado a 42 años de prisión por abuso sexual a menores del Instituto Antonio Provolo de Mendoza, junto al sacerdote Horacio Corbacho (45 años de cárcel) y el jardinero del lugar, Armando Gómez (18 años).
Todos imputados por 20 hechos de abusos sexuales y como responsables de la guarda de los menores. La condena, del 25 de noviembre pasado, tuvo un impacto mundial: fue la primera vez que son enjuiciados en 50 años de denuncias de violaciones, abuso sexual, maltratos y corrupción de menores los sacerdotes de esa orden religiosa con sedes en Verona, La Plata y Mendoza.
En 2016 Clarín había revelado las denuncias de abusos en las tres sedes. Se descubrió así el macabro mecanismo de una red de pedofilia entre Italia y Argentina que encubría y trasladaba a sacerdotes y a religiosos de una sede a otra.
Eliseo Pirmati aún está libre. Vive en un asilo para ancianos en Verona. Italia pidió más datos para decidir si lo extradita a Argentina.
TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA
CARGANDO COMENTARIOS
Clarín
Para comentar debés activar tu cuenta haciendo clic en el e-mail que te enviamos a la casilla ¿No encontraste el e-mail? Hace clic acá y te lo volvemos a enviar.
Clarín
Para comentar nuestras notas por favor completá los siguientes datos.