Bolivia sin Evo Morales: la Paz es una ciudad fantasma y nadie sabe qué puede pasar

La Paz está en caos, deshabitada y desorientada, sin que nadie la cuide ni la vigile. Las calles están desiertas. Bajar de El Alto es una aventura porque aún hay resabios de las fogatas que

el domingo a la noche bloqueaban las rutas. De todas formas la autopista principal que va del aeropuerto a la ciudad seguía este lunes bloqueada. Y para llegar hasta el centro, este enviado debió tomar caminos alternativos, sorteando fuego y piedras, restos de una noche convulsionada en Bolivia, tras la renuncia de Evo Morales.

Con los perfiles cercanos a una ciudad fantasma y temerosa, los negocios están cerrados. La gente tiene miedo a los saqueos. Se corrió la voz de que grupos de choque del “masismo” del Movimiento al Socialismo que respalda a Evo Morales, buscan saquear negocios y casas. La mayoría de la gente no sale.

Hay grupos concentrados cerca de casa de gobierno y en plaza Murillo que intentan darle apoyo al presidente renunciado.

La renuncia del presidente el domingo, luego de un devastador informe de la OEA que hablaba de serias irregularidades en las elecciones del 27 de octubre y la necesidad de llamar a nuevo comicios, dejó a Bolivia a la deriva y partida en dos; el presidente, atrincherado en alguna zona del país no identificada, y una ola de renuncias y funcionarios refugiados en embajadas extranjeras.

La situación es crítica porque no hay gobierno, hay un vacío de poder enorme, nadie sabe quién va a gobernar.

La figura de un gobierno es inexistente, muchos ministros renunciaron al igual que una gran tanda de senadores y diputados, con lo cual no hay quién dirija el país.