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Un polémico desafío opositor suma incertidumbre a dos días de las elecciones en Bolivia

Redacción TN by Redacción TN
18 octubre, 2019
in Internacionales
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El ir y venir de autos, minibuses y taxis de distintos colores es incesante en el Prado, esta avenida del centro de La Paz que concentra bancos, ministerios y edificios de

organismos públicos. El tránsito avanza lento y desordenado. Cada tanto suena una bocina. En la vereda el ritmo es similar. Entre vendedores ambulantes que ofrecen jugos naturales, empanadas fritas o postres de crema y chocolate, jóvenes con traje, chicas con jeans ajustados y mujeres indígenas con polleras apuran el paso y entran a alguna de las oficinas públicas custodiadas por policías de uniforme verde. Desaparecieron los carteles con la imagen de los candidatos que se disputarán la presidencia de Bolivia​ en las elecciones de este domingo: aquí rige el “silencio electoral”.

Pero el desconcierto y la incertidumbre sobrevuelan en este país, que decidirá si Evo Morales​ seguirá en el poder o si por primera vez en 14 años será derrotado en las urnas.

Las últimas encuestas vaticinan un triunfo del presidente del Movimiento al Socialismo, que ha manejado los hilos de este país desde enero de 2006. Pero esta vez no hay certeza de que alcance el 50% de los votos, o un 40% y 10 puntos de diferencia con el candidato que lo sigue en intención de voto. Si no es así, deberá disputar una segunda vuelta en diciembre contra el ex presidente Carlos Mesa. Y en ese caso, hay grandes dudas sobre sus chances de reelección ya que la oposición, que se presenta dividida en varias listas, podría unirse en su rechazo a una continuidad del MAS.

Más allá de las cifras que se alcancen este domingo, un amplio sector de la oposición ha llamado a no reconocer un eventual triunfo de Evo Morales. Fue la consigna que guió una serie de “Cabildos” (asambleas populares) que se hicieron en las últimas semanas en diferentes departamentos (provincias) del país. En Santa Cruz, histórico bastión anti-Evo, en Potosí -donde una huelga contra el gobierno desató violencia esta semana-, en Tarija o en Cochabamba, la sociedad civil se alzó contra esta nueva reelección del primer presidente indígena del país, que busca un cuarto mandato pese a que la Constitución que él mismo promulgó impide más de dos períodos consecutivos.

Evo Morales, en una imagen de 2006, poco después de llegar a la presidencia. /EFE

Evo Morales, en una imagen de 2006, poco después de llegar a la presidencia. /EFE

El mandatario replicó enseguida: “Quieren dar un golpe de Estado si Evo gana”, lanzó días atrás en un acto, en un final de campaña tenso e imprevisible.

El rector de la Universidad Mayor de San Andrés, una de las más importantes de La Paz, integra el Comité Nacional de Defensa de la Democracia (Conade) y encabezó el Cabildo que convocó a una multitud la semana pasada en el centro de esta ciudad. Fue allí que llamó a no reconocer una eventual victoria de la fórmula Evo Morales-Alvaro García Linera.

“Esta posición que están asumiendo los Cabildos en distintos departamentos tiene una base legal, constitucional. No es un puro acto de rebeldía”, explica Albarracín a esta enviada. “Es el propio Estado el que está rompiendo el estado de derecho al sortear la Constitución”.

En febrero de 2016, en un referéndum convocado por el gobierno, el 51,33% de la población dijo No a una reforma constitucional para permitir una nueva reelección del presidente, contra el 48,67% que dijo Sí.

Pero, meses más tarde, una polémica decisión del Tribunal Constitucional, en respuesta a una demanda del gobierno, dio vio libre a la reelección indefinida, con el argumento de que ese es un derecho previsto en tratados internacionales a los que adhiere Bolivia, y que esos acuerdos están por encima de la Constitución Nacional.

Carlos Mesa aparece segundo en las encuestas y podría ganar en una eventual segunda vuelta. /REUTERS

Carlos Mesa aparece segundo en las encuestas y podría ganar en una eventual segunda vuelta. /REUTERS

“La decisión vinculante del referéndum de 2016 fue vulnerada”, explica Albarracín. “Entonces nace el derecho y la obligación de la sociedad civil a no prestarse a esa vulneración y a desconocer al gobierno si llegara a ganar las elecciones”. Y argumenta: “La sociedad civil no tiene a dónde recurrir porque todas las instancias las controla el gobierno: la Justicia Electoral y la Justicia Constitucional”.

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Son muchas las voces opositoras que piensan así. Consideran que el gobierno de Evo, aunque llegó al poder legitimado por un amplio porcentaje de votos, se ha convertido en una “dictadura” pues busca silenciar a las voces críticas y controla los tres poderes del Estado, con su mayoría de dos tercios en el Parlamento.

-¿Qué significa en los hechos desconocer una eventual victoria de Evo Morales?, preguntó Clarín.

“Tenemos la desventaja de que nuestros movimientos son pacíficos. Hemos decidido no recurrir a la violencia. Tenemos la responsabilidad de buscar las formas más efectivas. No vamos a ir a tomar los cuarteles, sabemos que las fuerzas armadas respaldarán al presidente”, señala Albarracín. Este sábado los líderes de los Cabildos y comités cívicos de distintas regiones tienen prevista una reunión para analizar los pasos a seguir.

El analista Carlos Cordero, cercano al movimiento Comunidad Ciudadana, del candidato Mesa, matiza un poco el llamado de los Cabildos. “En realidad, lo que se propone es desconocer el triunfo de Evo Morales si se comprueba que hay algún tipo de fraude”, explica. “Es una advertencia de que si el gobierno llega a manipular los resultados, puede haber violencia”, agrega.

El que en estos días advirtió sobre el riesgo de fraude fue el candidato de la alianza Bolivia Dijo No, Oscar Ortiz, que aparece tercero en las encuestas. Y reclamó “presión internacional” para garantizar unas elecciones transparentes.

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Pero Cordero señala que son pocas las posibilidades de algún manejo turbio. Se han extremado los controles, tanto con veedores internacionales como con la supervisión de los partidos, que la misma oposición reconoce que no será fácil manipular los votos.

El sol asoma intenso luego de la lluvia que cubrió la ciudad este viernes a la mañana. Pero las nubes grises todavía acecha. El clima político también se respira impredecible.

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