
La Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA) optó por romper lanzas con los afiliados díscolos que trabajan en LATAM Argentina y que habían pedido a la entidad que les dejen
las manos libres para volar en aviones de matrícula chilena.
Luego de una asamblea realizada en su sede, el gremio que conduce Pablo Biró votó por la expulsión de los pilotos de LATAM “que conformaron un sindicato de pilotos impulsado por la empresa LAN Argentina (sic), atentando contra la unidad de los pilotos argentinos”, según informó el propio sindicato a través de un comunicado.

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Pero pese a que APLA dice que los pilotos de LATAM “conformaron” un nuevo gremio, lo cierto es que hasta el momento ni la empresa ni el Gobierno fueron notificados de que los pilotos de LATAM se hayan escindido de APLA.
De todas maneras, de ocurrir, no sería la primera escisión dentro del gremio que nació como entidad de los pilotos de Aerolíneas Argentinas y con el correr de los años fue incorporando a los pilotos de otras líneas aéreas, de los aviones de las distintas flotas estatales e incluso de los pilotos de helicópteros. En 1985 los pilotos de Austral se alejaron del gremio para conformar la Unión de Aviadores de Líneas Aéreas (UALA). Si bien hoy ese gremio está políticamente alineado con APLA, sigue manteniendo su independencia.
En la asamblea de hoy, APLA ratificó la postura histórica del gremio, de rechazar todas las decisiones que, entienden, van contra los intereses de Aerolíneas Argentinas, que constituye la inmensa mayoría de los afiliados. “Los pilotos argentinos definimos en este marco los pasos a seguir en defensa de nuestras fuentes y condiciones laborales ante el proceso de liberalización, flexibilización y apertura total de los cielos impulsado por la actual política aerocomercial”, agregó la entidad.
La interna de los pilotos se venía cocinando a fuego lento desde principios de año, cuando LATAM Argentina informó a su personal que el avión B767 de matrícula argentina que cubre la ruta Ezeiza-Miami ya no podría ingresar al espacio aéreo de EEUU a partir del 1 de enero de 2020, por tener obsoleto parte de su equipamiento para las nuevas regulaciones de ese país.
Con sus operaciones en la Argentina que arrojan pérdidas desde hace cuatro años, voceros de la filial local de LATAM explicaron que se comunicó a los pilotos y tripulantes de cabina que la empresa no iba a hacer las inversiones necesarias para reacondicionar el B767 argentino, ya que por las regulaciones del Código Aeronáutico sólo puede volar rutas generadas en la Argentina y termina permaneciendo en tierra más horas de las que vuela.
La empresa solicitó utilizar la figura de “interchange”, que consiste en usar aviones de matrícula extranjera (chilena, en este caso), para volar la ruta argentina a Miami, con los pilotos y tripulantes de a bordo de LATAM Argentina. ¿Por qué un avión chileno? Porque en ese país, donde hay “cielos abiertos”, la legislación local habilita a sus aviones matrícula CC a volar tanto rutas locales como de otros países, en tanto cuenten con la autorización correspondiente.
El pedido de autorización de “interchange” fue bien recibido por los pilotos de LATAM: 164 de los 238 pilotos de la filial local enviaron una nota a APLA, solicitando que el gremio los apoyara. Pero APLA se opuso: a comienzos de julio hizo una medida de fuerza encubierta en Aeroparque contra este pedido, al que calificó de “entrega de rutas locales a aerolíneas extranjeras”.
Los pilotos de LATAM, sin embargo, mantuvieron su postura favorable al “interchange”, que en agosto además fue aprobado por el Gobierno. Hoy a la noche parte el primer vuelo a Miami, utilizando la ruta de LATAM Argentina pero con un B767 de matrícula chilena. Ese vuelo será tripulado por los mismos pilotos y auxiliares de a bordo argentinos que hasta la semana pasada lo hacían en el B767 de matrícula local LV.