Alerta por posible ingreso de explosivos desde Paraguay: La ruta del nitrato de amonio: los años de descontrol y después bajo la sombra de Aníbal Fernández

En la Argentina llegaron a ingresar por año 4000 toneladas sin el control del RENAR. La trama que incluye a laderos del exministro, un puerto en Paraguay y pone puntos suspensivos con un tuit de Luli Salazar.

La conmoción fue mundial y consistió en uno de los pocos acontecimientos que sacó por un rato la atención que acapara la pandemia por coronavirus: el 4 de agosto en Beirut explotaron 2.750 toneladas de nitrato de amonio. Hubo 202 muertos, 6500 heridos y nueve desaparecidos.

Ahora, un mensaje anónimo generó alerta máxima en la Argentina: el temor es por un posible ingreso de nitrato de amonio para ser usado como explosivo en un atentado a “un objetivo judío”.

La historia del nitrato de amonio en el país es conocida de a chispazos. Hubo un tiempo muy cercano en el que esa sustancia mortal entraba como “caramelo”. Años de desenfreno.

Llegaron a ingresar 4000 toneladas al año sin ningún control del RENAR, el Registro Nacional de Armas. Para comparar cifras: en Beirut explotaron 2750 toneladas y en la AMIA, 300 kilos.

Ese desmadre fue hace pocos años y lo peor, posterior al atentado a la mutual judía (1994), donde el nitrato de amonio mezclado con aluminio, que transportó la Trafic blanca usada como coche bomba, mató a 85 personas y dejó más de 300 heridos y una llaga en la historia del país que no encontró en la Justicia consuelo.

En la Argentina, la trama de la ruta del nitrato de amonio es pasmosa. Los personajes iniciales son conocidos: de un lado, el multitasking Aníbal Fernández; y del otro, el actual ministro de Trabajo Claudio Moroni, compañero de estudios -en la facultad de Derecho de la UBA- del presidente Alberto Fernández. Apadrinado por su amigo, entonces jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, Moroni llegó a ser Síndico General de la Nación en 2004 hasta 2007.

En enero de 2007, como todos los años Aníbal Fernández descansaba en las playas de Villa Gesell, compartía carpa con un histórico del peronismo bonaerense José María Díaz Bancalari y se trenzaba en partidazos de trucos antes de cerrar las noches en la Taberna de Don Ramón, con su plato favorito: su majestad, la paella. Cada 11 de enero, también soplaba las velitas entre castillitos de arena.

Truco. Aníbal Fernández en sus tradicionales vacaciones en Villa Gesell.
Truco. Aníbal Fernández en sus tradicionales vacaciones en Villa Gesell.
Ese verano recibió un “regalo” de Moroni. Antes de pasar a ser titular de la ANSES y un año después de la AFIP, el excompañero de facu de Alberto Fernández le ponía la firma a un dictamen escandaloso de la SIGEN: reveló que en la Argentina ingresaban por año 4 mil toneladas de nitrato de amonio sin control por parte del RENAR, que dependía del Ministerio del Interior. O sea de Aníbal Fernández.

Ese documento explicaba la tramoya: “Por el inciso “c” del artículo 959 de la ley 22415 el servicio aduanero concede una tolerancia del 2% a los faltantes o sobrantes detectados en las operaciones de control”.

La cuenta era facilísima: ingresaban 200.000 toneladas al año del potente explosivo. El 2%, sin control.

El informe de la SIGEN alertaba: “Para el caso analizado es un volumen de 4.000 toneladas al año que gozarían de total impunidad y serían susceptibles de ser distraídas y derivadas a hechos que atenten contra la seguridad común del país o en países limítrofes”.

La advertencia era alevosa: “Esto no es antojadizo, ni fantasioso ni especulativo a la luz de los atentados ya cometidos en la Argentina en 1992 y 1994 y a la zaga de antecedentes internacionales de voladuras intencionales o accidentales”.

Al finalizar recomendaba la experiencia internacional: “Los países que han sufrido atentados o accidentes mediante el nitrato de amonio han procedido a la revisión de las normas, sometiendo en consecuencia a mayores controles al producto y usuarios”.

¿Por qué no había control si es tan peligroso?

El nitrato amónico es usado como fertilizante y las importaciones en vez de ser inspeccionadas por el RENAR quedaban bajo la supervisión laxa de la Aduana y el Senasa.

¿Quién controlaba? El entonces interventor de Fabricaciones Militares Arturo Puricelli respondía en el mismo documento: “La cuestión ha dejado de ser competencia de este organismo, ya que por ley 20.429 de Armas y Explosivos pasó al RENAR”.

Pero, la conclusión de la SIGEN era urgente: “No existe un registro en el RENAR que controle el ingreso a la Argentina del explosivo que voló la AMIA”.

Tres meses después, pero -sobre todo- una vez que el inquietante informe saltó a los medios -entonces esta periodista tuvo acceso a las 42 páginas de la SIGEN que en esta nota se adjuntan-, el 4 de abril de 2007 Néstor Kirchner y Aníbal Fernández firmaron el decreto 306. En sus considerandos se dejaba al desnudo lo pornográfico: “Que a través de la Disposición Nº 2193 de fecha 6 de agosto de 1996 de la Dirección General de Fabricaciones Militares, se dispuso excluir del acto administrativo citado ut supra, la consideración como explosivo al nitrato de amonio con un máximo de dos décimas por ciento (0,2%) de materias combustibles, incluyendo cualquier sustancia orgánica como carbono, con excepción de cualquier otra sustancia agregada”.

Es decir, lo obsceno: dos años después del atentado a la AMIA, el gobierno menemista dejaba al nitrato de amonio con una leve supervisión.

El informe de la SIGEN

El decreto de 2007 lo ponía en estas palabras: “Que ello produjo que dicha sustancia quedara sin el debido control por parte de autoridad idónea en la materia, tanto en la importación como en la exportación, adquisición, utilización y depósito de la misma”.

Después de once años de ese festín explosivo el gobierno kirchnerista llegaba a la conclusión: “Que en atención a la peligrosidad de la sustancia aludida y a los fines de efectuar el control pertinente corresponde incluir al nitrato de amonio con el carácter de explosivo, en cualquier tipo de composición”.

Aníbal Fernández, que había llegado al Ministerio del Interior el 25 de mayo de 2003 y llevaba cuatro años como responsable del RENAR, quedaba a cargo de todos “los circuitos de control de producción y salida de los explosivos fabricados y de consumo de materias primas calificadas como explosivos”.

En un discurso el 15 de junio de 2007, se jactaba: “Por primera vez (hay) un control efectivo de la importación de nitrato de amonio, conocido en este país como un fertilizante pero que fuera utilizado para la fabricación de explosivos, puntualmente en el caso de la AMIA”.

Dos caras: fertilizante y explosivo
El daño inmanente del nitrato de amonio no era novedoso. Fue el detonante de la mayoría de los accidentes graves con fertilizantes. La explosión de una fábrica de nitrogenados en Oppenau cerca de Ludwigshafen, en Alemania en 1921, provocó 561 muertos. El 16 de abril de 1947 un siniestro durante la descarga de dos barcos en Texas (EE.UU.) dejó 486 muertos, 100 desaparecidos y más de 3.000 heridos. Ese año, otro buque explotó en Brest (Francia). El nitrato de amonio fue usado en varios ataques terroristas como el de la AMIA (1994) y el de Oklahoma (1995), en Estados Unidos.

El boom del campo tuvo como correlato el récord de importaciones de nitrato de amonio usado como fertilizante. En promedio durante el período 1º de enero de 2004 – 31 de agosto de 2006 ingresaron al país 200.000 toneladas al año. Alrededor del 60% correspondía a la empresa Petrobras (para la fabricación de agroquímicos) y el 11% a Orica Argentina Saic (servicios de voladuras y soporte técnico para la industria minera y canteras). Seguían Dyno Nobel con el 7%, y Bunge Argentina y Emerger Fertilizantes con el 4% cada una.

El mayor volumen ingresó por Campana y San Nicolás en la provincia de Buenos Aires y Paso de los Libres, en Corrientes. El 73% del nitrato de amonio importado provenía de Rusia.

Desde octubre de 2015, el control del nitrato de amonio recayó en la entonces flamante ANMAC, Agencia Nacional de Materiales Controlados, que absorbió al RENAR. En la actualidad hay doce empresas autorizadas para su importación y comercialización: Compo Argentina S.R.L.; A.C.A. Coop. Ltda.; Agrefert Arg. S.A.; Austin Powder Argentina S.A.; Bunge Argentina S.A.; Dirección General de Fabricaciones Militares; Enaex Argentina S.R.L.; Nidera S.A.; Orica Argentina S.A.I.C.; Profertil S.A.; YPFS.A. y Yara Argentina S.A.

A brillar, mi amor
Desde 2007, las muecas de bigote de Aníbal Fernández hacían y deshacían sobre el nitrato de amonio a través de su hombre de máxima confianza, el titular del RENAR Andrés Meiszner, hijo de José Luis Meiszner, mano derecha de Julio Grondona en la AFA.

Meiszner hijo cayó en desgracia cuando Martín Lanatta, condenado por el Triple crimen de General Rodríguez, dijo que había sido una especie de “recaudador” para él y Aníbal Fernández. Desde entonces Meiszner abandonó su Quilmes natal, se radicó en Rawson y después de pasar por tres cargos en la gobernación de Chubut de Mariano Arcioni – el desmentido novio de Luciana Salazar- desde julio hace la cuarentena en su casa.

En su paso por el RENAR, Meiszner habilitó en 2007 a más puertos y empresas para la entrada de nitrato de amonio, entre ellas a Ponal de Guillermo Misiano.

Misiano es socio de otro hombre de confianza que acompañó a Aníbal Fernández en la función pública: José Lucas “El colorado” Gaincerain. Entonces, Aníbal Fernández, que había sido ministro de Justicia, ya actuaba como jefe de Gabinete de Cristina Kirchner. Actuaba en todo sentido: en 2010 el funcionario ricotero se filmó en su despacho de la Casa Rosada para el video “Tres Marías” de Andrés Calamaro. La estrella del nitrato de amonio seguía brillando.

En 2016, su archienemiga pública Elisa Carrió denunció en la Justicia a Gaincerain por supuesto lavado y contrabando. Describió además que era socio del hijo del exministro, Facundo Fernández.

Por ese año, Aníbal Fernández reaparecía en una cumbre del PJ con nuevo look: su bigote marca registrada había quedado confundido en una tupida barba. “Me lo dejé a los 18 años. Una sola vez me lo saqué: el 19 de septiembre de 1984, cuando nació mi hijo Facundo. Yo había hecho una promesa y me lo saqué dos días después de que naciera. Este bigote tiene la misma edad que él”, le había contado una vez a la revista Rolling Stone.

La denuncia de Carrió

Las barbas en remojo
En su denuncia, Carrió apuntó a la actividad portuaria y la explotación del tercer puerto en importancia del Paraguay. Detalla que “PTP Warrant SA (que “emplea” a Gancerain) es una empresa argentina que se constituyó en 2010 y entre sus representantes está Misiano. Con su socia paraguaya, Gregser, explotan la concesión por 20 años del puerto Villeta en Paraguay, habilitado para el transporte de nitrato de amonio. A su vez, Gregser es investigada en Paraguay porque “no se le conoce trayectoria y sólo se sabe que opera como firma proveedora de logística a PTP WARRANT SA”.

Según la denuncia, las tres empresas -PTP Warrant, Ponal y Gregser- “lograron el total control del corredor hídrico Paraná-Paraguay, a través del cual traficaban nitrato de amonio”. También advierte sobre viajes de directivos de PTP WARRANT a Paraguay con el avión del empresario K Lázaro Báez.

Por ese entonces, Aníbal Fernández y Carrió se cruzaban con tuits envenenados. Ella lo tildaba de “narcotraficante” y él de “desequilibrada”: “No tiene los patitos en fila”. La pelea llega hasta estos días, con un video de Carrió, con sable en mano. “Soy Lilita, la pistolera, que afectó el prestigio de Aníbal Fernández. ¡San Aníbal, perdón! Según dice Ramos Padilla… Lilita, la pestolera (sic), organización paramilitar, no sé qué cosa, para perjudicar al pobre Aníbal ‘narcotraficante’, qué horror”, ironizó.

La historia ya es conocida: en 2015 Aníbal Fernández perdió frente a María Eugenia Vidal la Gobernación bonaerense, en 2019 fue candidato a concejal de Pinamar en la lista del Frente de Todos que cayó en la pelea por la intendencia y en enero 2020 fue designado interventor de Yacimientos Carboníferos de Río Turbio. A fines de octubre, Aníbal Fernández refunfuñaba públicamente: “No voy a estar en el Gabinete. Tengo en claro que alguien me baja el pulgar y creo saber quién es. Entonces no discuto más el tema. No es Cristina, ella te llamaría y te avisaría”, dijo en radio Rivadavia.

Unos meses antes, en una entrevista con la revista La tecla su ladero Meiszner lo hacía cotizar en bolsa: “Obviamente que después de haber sido uno de los mejores jefes de Gabinete que ha tenido el kirchnerismo en sus doce años de gestión, me parecía necesario que una figura como él estuviera en la gestión. Que se lo haya convocado para presidir un organismo como YCRT me parece un paso previo a otros cargos que va a tener, seguramente, porque es un cuadro político que no es para desperdiciar”.

Puro deseo o coincidencia, el exfuncionario del chubutense Arcioni – más conocido por los rumores desmentidos de romance con Luli Salazar- ¿comparte data con la blonda panelista?

El 10 de noviembre la sobrina de Palito Ortega -hace unos días su ex Martín Redrado se vio después de diez años con Cristina Kirchner- adelantó con un tuit el cambio de Gabinete de la última semana y con otro, tiró la “bomba política”… “Atentos que puede volver un histórico!”.

Fuente TN

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