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¡Segundos afuera!

Redacción TN by Redacción TN
1 noviembre, 2015
in Politica
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… de que su coalición política  ejerza el poder simultáneamente  en el estado nacional, la ciudad capital y la provincia más poderosa.
 
La cosa se decidirá  mano a mano: la voluntad del país se concentrará en dos boletas, en dos nombres, aunque detrás de ellos hay muchos que intervienen, apoyan, masajean, ponen (o sacan) el proverbial banquito del que habló Bonavena.
 
Primera vuelta estratégica
 
Según  estudios comparativos de experiencias de balotaje  en el  continente y en mundo, la probabilidad de que  el  candidato  que salió segundo  en la primera vuelta de una elección ejecutiva  triunfe en un balotaje  oscilan  entre  el 10 y el 30 por ciento (dependiendo del  porcentaje de  votos obtenidos en la primera ronda electoral y de la diferencia  con el que llegó en punta en esa ocasión).
 
Es probable, sin embargo,  que las chances con que Mauricio Macri  enfrenta  el  desafío  del 22 de noviembre  sean considerablemente más altas.  Aunque  el  último domingo Daniel Scioli lo  superó por dos puntos y medio, a los ojos de la sociedad  fue  el gobernante porteño el  que emergió como victorioso. 
No es sólo una impresión:  el momento electoral  encontró a Macri en raudo ascenso (4 puntos más que en las primarias de agosto) y al  gobernador en  caída (2 puntos  por debajo de los 38 y monedas de las PASO). Por otra parte, el objetivo estratégico de Macri  el último domingo no  residía en salir primero, sino en conseguir que la presidencia se dirima mano a mano en una segunda vuelta. Y  lo consiguió. Scioli, en cambio, no logró lo que se proponía:  evitar el balotaje y  consagrarse  directamente en la primera vuelta. Por eso  el búnker de Cambiemos celebró y los  del oficialismo (hubo dos: uno en el Luna Park y otro en un hotel)  tuvieron aroma a velatorio. 
 
Cristina lo hizo
 
El  dato más notable de la elección del 25 de octubre  fue la consagración de María Eugenia Vidal, la candidata promovida por Macri, como gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Se ha  criticado mucho a las encuestas electorales,  a veces merecidamente. Pero no se puede alegar que hayan fallado en el  caso bonaerense: varias (entre las  serias) anunciaban que, si bien Macri escoltaba a Scioli en la competencia presidencial,  Vidal aventajaba en  voluntad de voto al oficialista Aníbal Fernández, el candidato con peor  imagen de los que se presentaron el último domingo.
 
Tampoco esto  podía resultar  sorprendente:  en una sociedad  que hace años  ha encumbrado a la inseguridad y al narcotráfico como sus principales preocupaciones, la ocurrencia presidencial  de “bancar”  la candidatura  a gobernador del  contador Fernández (que consideró  una mera “sensación”, un espejismo, la falta de seguridad ciudadana, y defendió políticas condescendientes con  la difusión del  consumo  y sospechadas de relación con  aquella nefasta actividad)  chocaba  frontalmente con el estado de ánimo de la sociedad. La Presidente ignoraba y desafiaba la sensibilidad  de los bonaerenses  que ya había  ocasionado reveses electorales al oficialismo en 2009 y en 2013 y que en esta ocasión motorizó una  vigorosa tendencia a impedir que el actual jefe de gabinete llegara a la gobernación. 
 
La candidatura de María Eugenia Vidal fue el instrumento elegido  para alzar la muralla. Lo que  resultó sorprendente fue  que  los deseos que  reflejaban  los estudios demoscópicos  pudieran  traducirse en sufragios: en el rocambolesco  sistema electoral  vigente, el corte de boleta es  una empresa difícil: el nombre de Fernández  estaba  atrincherado en el centro de una  papeleta de casi un metro de ancho, entre candidatos a legisladores del Mercosur, nóminas de diputados nacionales, fórmulas para las municipalidades y listados de aspirantes a concejales. Pese a esos obstáculos, Fernández fue derrotado.
 
Hubo redes piadosas y candidatos locales que facilitaron boletas prolijamente cortadas que combinaban  diversas alternativas partidarias  con la papeleta de Vidal para la gobernación; hubo ciudadanos y ciudadanas que llegaron al cuarto oscuro  con su tijerita y se encargaron personalmente de la tarea. También  hubo muchísima gente que, aun si  en principio no pensaba  espontáneamente votar por Macri en la categoría presidencial, usó la boleta completa de Cambiemos  porque allí estaba  el nombre de Vidal, la que iba a evitar que Fernández se impusiera. Así, la  joven candidata a gobernadora  contribuyó a que Macri incrementara su  propio caudal.
 
De paso, junto con Fernández  los bonaerenses también  le mostraron  tarjeta roja  a  viejos “barones del  conurbano”,  cuestionados como mínimo por su  quedantismo (algunos gobernaron  sus municipios más de dos décadas), su ineficacia y su obsolescencia  y así extendieron  la ola delimpieza y renovación  en la provincia.
 
Después de la cirugía
 
 En el  balotaje presidencial de  noviembre  ese  factor (los personajes  indeseables) no estará presente. La  cirugía mayor ya se produjo. ¿Puede esa circunstancia facilitar una remontada de Scioli, que le permita al menos conservar  la mínima ventaja  con que cerró la primera vuelta?¿Está a tiempo de  exhibir una diferenciaión más nítida del círculo K? En rigor, ¿quiere ( puede) hacerlo? ¿Se lo facilita la Presidente que se va?   Puesto a disputar votos independientes (peronistas y no peronistas), ¿está en condiciones  de  precisar  su propia definición de cambio, esa que enuncia genéricamente en sus discursos ( (“Cambiaremos lo que haya que cambiar”).  El debate que finalmente sostendrá con Macri  una semana antes  del comicio  le dará una oportunidad  decisiva de  hacerlo:  es una partida mano a mano frente a la ciudadanía.
 
La lógica de los balotajes es  el descarte:   como los árbitros de la elección son quienes no votaron ni por uno ni por otro finalista, cada uno de estos  debe procurar seducirlos  mostrando al mismo tiempo  que  votar al otro  sería peor, exhibiendo los riesgos de ese otro voto y  las debilidades o defectos del  oponente.
 
En este último aspecto, en Cambiemos ha prevalecido hasta ahora una noción: no es electoralmente redituable  convertir a Scioli en centro  de sus ataques porque Scioli tiene una imagen personal  buena y porque  el blanco real  que quiere impactar  el electoradoa  que votó por Macri o puede respaldarlo  lo constituyen  Cristina Kirchner y sus laderos más cuestionados (La Cámpora, Aníbal Fernández, Carlos Zannini).  Scioli  sólo representa, en todo caso, una encarnación posible de ese blanco.  Desde el rincón macrista, para golpear a Scioli se buscará  destacar su conexión con el vértice K, describiéndola  como docilidad, dependencia, satelismo. 
 
¿Ser o no ser?
 
La táctica más razonable de parte del gobernador bonaerense en este  round sería evit
ar  todo lo posible la identificación de su candidatura con el vértice K. Pero esa es una tTarea más fácil de enunciar que de poner en práctica,  ya que  la señora de Kirchner  (en coincidencia objetiva  con los rivales de Scioli) se empeña en  mostrar que no es el gobernador  el que manda en la campaña, sino ella y reiterando que “no importa el nombre” del candidato, ya que “el candidato es el proyecto”, que lleva el apellido Kirchner como marca de fábrica.
El  acto a repetición que, con la notoria ausencia de Scioli,  la señora de Kirchner escenificó el último jueves  en la Casa Rosada  (salones y patios) fue íntimamente celebrado por  los asesores de Macri. La señora  dio instrucciones  a la militancia sobre  el contenido del proselitismo a  desarrollar en las semanas previas al balotaje y  reiteró el discurso de confrontación (“se enfrentan dos proyectos diferenciados y opuestos”) que ella aspira imponer como  prueba de fidelidad a su candidato.
 
  La militancia de los patios del poder sintetizó esa idea recitando la consigna “Patria o Colonia”.  El problema  que hay que resolver es que el domingo 25 “la patria” (de esa  interpretación) sólo sacó  un tercio  de los votos. Y eso no alcanza.
 
Un rasgo importante que diferenció ventajosamente a Scioli ante la opinión pública  fue su  propensión al diálogo y la convergencia. El discurso de confrontación  lo descoloca.  Para los mercados, por otra parte, un elemento tranquilizador residía en que la transición esperable a partir del final del gobierno de Cristina Kirchner lucía tranquila, ya que los principales candidatos pisaban (con sus propios matices) un terreno común  de coincidencias y convergencias. Si hasta hace algunos días los sectores empresariales se mostraban  resignadamente satisfechos  ante la perspectiva de una presidencia de Scioli, después del  resultado  del 25 y de  la performance actoral  del jueves en la Casa Rosada,  vuelven su  mirada hacia Mauricio Macri. Resultados del  “rotundo apoyo”  de la señora de Kirchner  a Daniel Scioli.
 
Los de afuera, ¿son de palo¿
 
Sergio Massa y José Manuel De la Sota, como referentes políticos de UNA, el  frente que  atravesó la tempestad polarizadora incrementando su porcentaje de votantes y acumuló más de 5 millones de sufragios, quieren participar activamente en el balotaje:  han fijado  una agenda de propuestas y temas  (aquellos que expusieron durante la campaña)  para que Scioli y Macri se pronuncien públicamente.
Aunque no declaran abiertamente su apoyo a ninguno, sus declaraciones inclinan claramente la cancha a favor de Macri (y no sería extraño que más adelante, si  éste triunfa, haya colaboración de sus equipos, sobre todo en la gestión bonaerense de  la  gobernadora electa). Los líderes de UNA les ofrecen a los finalistas una receta para seducir a  quienes  votaron la fórmula   Massa-Saenz: que asuman  sus puntos programáticos.
 
Por el momento, Macri  ha dicho que considera  los votos al Frente Renovador como “votos por el cambio” y admitió en general que hay coincidencias en  temas como la inseguridad, la situación de los jubilados y la corrupción.  Scioli se comprometió específicamente en garantizar el 82 por ciento móvil a las jubilaciones mínimas, definición que Massa celebró (pero pidió que Scioli la haga ratificar la semana próxima por los diputados del oficialismo en el Congreso).
 
Con el aval de los votos recibidos,  Massa y De la Sota  pretenden controlar la gestión de quien resulte electo. Desde ese  lugar se  preparan para el ciclo poskirchnerista: De la Sota  apunta  a ser el  principal convocante a la reconstrucción y renovación a fondo del peronismo, para superar la herencia K “con representatividad, responsabilidad institucional, autenticidad doctrinaria y pensamiento adaptado a la sociedad del conocimiento”, explica uno de sus seguidores. 
 
Massa, por su parte,   sabe que se ha consolidado como un protagonista político de la próxima etapa y seguramente  se prepara para  afrontar algún nuevo desafío en 2017 (¿enfrentar el posible retorno de  Cristina Kirchner en la puja por  el Senado  en el  distrito bonaerense? Probablemente). 
 
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… de que su coalición política  ejerza el poder simultáneamente  en el estado nacional, la ciudad capital y la provincia más poderosa.
 
La cosa se decidirá  mano a mano: la voluntad del país se concentrará en dos boletas, en dos nombres, aunque detrás de ellos hay muchos que intervienen, apoyan, masajean, ponen (o sacan) el proverbial banquito del que habló Bonavena.
 
Primera vuelta estratégica
 
Según  estudios comparativos de experiencias de balotaje  en el  continente y en mundo, la probabilidad de que  el  candidato  que salió segundo  en la primera vuelta de una elección ejecutiva  triunfe en un balotaje  oscilan  entre  el 10 y el 30 por ciento (dependiendo del  porcentaje de  votos obtenidos en la primera ronda electoral y de la diferencia  con el que llegó en punta en esa ocasión).
 
Es probable, sin embargo,  que las chances con que Mauricio Macri  enfrenta  el  desafío  del 22 de noviembre  sean considerablemente más altas.  Aunque  el  último domingo Daniel Scioli lo  superó por dos puntos y medio, a los ojos de la sociedad  fue  el gobernante porteño el  que emergió como victorioso. 
No es sólo una impresión:  el momento electoral  encontró a Macri en raudo ascenso (4 puntos más que en las primarias de agosto) y al  gobernador en  caída (2 puntos  por debajo de los 38 y monedas de las PASO). Por otra parte, el objetivo estratégico de Macri  el último domingo no  residía en salir primero, sino en conseguir que la presidencia se dirima mano a mano en una segunda vuelta. Y  lo consiguió. Scioli, en cambio, no logró lo que se proponía:  evitar el balotaje y  consagrarse  directamente en la primera vuelta. Por eso  el búnker de Cambiemos celebró y los  del oficialismo (hubo dos: uno en el Luna Park y otro en un hotel)  tuvieron aroma a velatorio. 
 
Cristina lo hizo
 
El  dato más notable de la elección del 25 de octubre  fue la consagración de María Eugenia Vidal, la candidata promovida por Macri, como gobernadora de la provincia de Buenos Aires. Se ha  criticado mucho a las encuestas electorales,  a veces merecidamente. Pero no se puede alegar que hayan fallado en el  caso bonaerense: varias (entre las  serias) anunciaban que, si bien Macri escoltaba a Scioli en la competencia presidencial,  Vidal aventajaba en  voluntad de voto al oficialista Aníbal Fernández, el candidato con peor  imagen de los que se presentaron el último domingo.
 
Tampoco esto  podía resultar  sorprendente:  en una sociedad  que hace años  ha encumbrado a la inseguridad y al narcotráfico como sus principales preocupaciones, la ocurrencia presidencial  de “bancar”  la candidatura  a gobernador del  contador Fernández (que consideró  una mera “sensación”, un espejismo, la falta de seguridad ciudadana, y defendió políticas condescendientes con  la difusión del  consumo  y sospechadas de relación con  aquella nefasta actividad)  chocaba  frontalmente con el estado de ánimo de la sociedad. La Presidente ignoraba y desafiaba la sensibilidad  de los bonaerenses  que ya había  ocasionado reveses electorales al oficialismo en 2009 y en 2013 y que en esta ocasión motorizó una  vigorosa tendencia a impedir que el actual jefe de gabinete llegara a la gobernación. 
 
La candidatura de María Eugenia Vidal fue el instrumento elegido  para alzar la muralla. Lo que  resultó sorprendente fue  que  los deseos que  reflejaban  los estudios demoscópicos  pudieran  traducirse en sufragios: en el rocambolesco  sistema electoral  vigente, el corte de boleta es  una empresa difícil: el nombre de Fernández  estaba  atrincherado en el centro de una  papeleta de casi un metro de ancho, entre candidatos a legisladores del Mercosur, nóminas de diputados nacionales, fórmulas para las municipalidades y listados de aspirantes a concejales. Pese a esos obstáculos, Fernández fue derrotado.
 
Hubo redes piadosas y candidatos locales que facilitaron boletas prolijamente cortadas que combinaban  diversas alternativas partidarias  con la papeleta de Vidal para la gobernación; hubo ciudadanos y ciudadanas que llegaron al cuarto oscuro  con su tijerita y se encargaron personalmente de la tarea. También  hubo muchísima gente que, aun si  en principio no pensaba  espontáneamente votar por Macri en la categoría presidencial, usó la boleta completa de Cambiemos  porque allí estaba  el nombre de Vidal, la que iba a evitar que Fernández se impusiera. Así, la  joven candidata a gobernadora  contribuyó a que Macri incrementara su  propio caudal.
 
De paso, junto con Fernández  los bonaerenses también  le mostraron  tarjeta roja  a  viejos “barones del  conurbano”,  cuestionados como mínimo por su  quedantismo (algunos gobernaron  sus municipios más de dos décadas), su ineficacia y su obsolescencia  y así extendieron  la ola delimpieza y renovación  en la provincia.
 
Después de la cirugía
 
 En el  balotaje presidencial de  noviembre  ese  factor (los personajes  indeseables) no estará presente. La  cirugía mayor ya se produjo. ¿Puede esa circunstancia facilitar una remontada de Scioli, que le permita al menos conservar  la mínima ventaja  con que cerró la primera vuelta?¿Está a tiempo de  exhibir una diferenciaión más nítida del círculo K? En rigor, ¿quiere ( puede) hacerlo? ¿Se lo facilita la Presidente que se va?   Puesto a disputar votos independientes (peronistas y no peronistas), ¿está en condiciones  de  precisar  su propia definición de cambio, esa que enuncia genéricamente en sus discursos ( (“Cambiaremos lo que haya que cambiar”).  El debate que finalmente sostendrá con Macri  una semana antes  del comicio  le dará una oportunidad  decisiva de  hacerlo:  es una partida mano a mano frente a la ciudadanía.
 
La lógica de los balotajes es  el descarte:   como los árbitros de la elección son quienes no votaron ni por uno ni por otro finalista, cada uno de estos  debe procurar seducirlos  mostrando al mismo tiempo  que  votar al otro  sería peor, exhibiendo los riesgos de ese otro voto y  las debilidades o defectos del  oponente.
 
En este último aspecto, en Cambiemos ha prevalecido hasta ahora una noción: no es electoralmente redituable  convertir a Scioli en centro  de sus ataques porque Scioli tiene una imagen personal  buena y porque  el blanco real  que quiere impactar  el electoradoa  que votó por Macri o puede respaldarlo  lo constituyen  Cristina Kirchner y sus laderos más cuestionados (La Cámpora, Aníbal Fernández, Carlos Zannini).  Scioli  sólo representa, en todo caso, una encarnación posible de ese blanco.  Desde el rincón macrista, para golpear a Scioli se buscará  destacar su conexión con el vértice K, describiéndola  como docilidad, dependencia, satelismo. 
 
¿Ser o no ser?
 
La táctica más razonable de parte del gobernador bonaerense en este  round sería evit
ar  todo lo posible la identificación de su candidatura con el vértice K. Pero esa es una tTarea más fácil de enunciar que de poner en práctica,  ya que  la señora de Kirchner  (en coincidencia objetiva  con los rivales de Scioli) se empeña en  mostrar que no es el gobernador  el que manda en la campaña, sino ella y reiterando que “no importa el nombre” del candidato, ya que “el candidato es el proyecto”, que lleva el apellido Kirchner como marca de fábrica.
El  acto a repetición que, con la notoria ausencia de Scioli,  la señora de Kirchner escenificó el último jueves  en la Casa Rosada  (salones y patios) fue íntimamente celebrado por  los asesores de Macri. La señora  dio instrucciones  a la militancia sobre  el contenido del proselitismo a  desarrollar en las semanas previas al balotaje y  reiteró el discurso de confrontación (“se enfrentan dos proyectos diferenciados y opuestos”) que ella aspira imponer como  prueba de fidelidad a su candidato.
 
  La militancia de los patios del poder sintetizó esa idea recitando la consigna “Patria o Colonia”.  El problema  que hay que resolver es que el domingo 25 “la patria” (de esa  interpretación) sólo sacó  un tercio  de los votos. Y eso no alcanza.
 
Un rasgo importante que diferenció ventajosamente a Scioli ante la opinión pública  fue su  propensión al diálogo y la convergencia. El discurso de confrontación  lo descoloca.  Para los mercados, por otra parte, un elemento tranquilizador residía en que la transición esperable a partir del final del gobierno de Cristina Kirchner lucía tranquila, ya que los principales candidatos pisaban (con sus propios matices) un terreno común  de coincidencias y convergencias. Si hasta hace algunos días los sectores empresariales se mostraban  resignadamente satisfechos  ante la perspectiva de una presidencia de Scioli, después del  resultado  del 25 y de  la performance actoral  del jueves en la Casa Rosada,  vuelven su  mirada hacia Mauricio Macri. Resultados del  “rotundo apoyo”  de la señora de Kirchner  a Daniel Scioli.
 
Los de afuera, ¿son de palo¿
 
Sergio Massa y José Manuel De la Sota, como referentes políticos de UNA, el  frente que  atravesó la tempestad polarizadora incrementando su porcentaje de votantes y acumuló más de 5 millones de sufragios, quieren participar activamente en el balotaje:  han fijado  una agenda de propuestas y temas  (aquellos que expusieron durante la campaña)  para que Scioli y Macri se pronuncien públicamente.
Aunque no declaran abiertamente su apoyo a ninguno, sus declaraciones inclinan claramente la cancha a favor de Macri (y no sería extraño que más adelante, si  éste triunfa, haya colaboración de sus equipos, sobre todo en la gestión bonaerense de  la  gobernadora electa). Los líderes de UNA les ofrecen a los finalistas una receta para seducir a  quienes  votaron la fórmula   Massa-Saenz: que asuman  sus puntos programáticos.
 
Por el momento, Macri  ha dicho que considera  los votos al Frente Renovador como “votos por el cambio” y admitió en general que hay coincidencias en  temas como la inseguridad, la situación de los jubilados y la corrupción.  Scioli se comprometió específicamente en garantizar el 82 por ciento móvil a las jubilaciones mínimas, definición que Massa celebró (pero pidió que Scioli la haga ratificar la semana próxima por los diputados del oficialismo en el Congreso).
 
Con el aval de los votos recibidos,  Massa y De la Sota  pretenden controlar la gestión de quien resulte electo. Desde ese  lugar se  preparan para el ciclo poskirchnerista: De la Sota  apunta  a ser el  principal convocante a la reconstrucción y renovación a fondo del peronismo, para superar la herencia K “con representatividad, responsabilidad institucional, autenticidad doctrinaria y pensamiento adaptado a la sociedad del conocimiento”, explica uno de sus seguidores. 
 
Massa, por su parte,   sabe que se ha consolidado como un protagonista político de la próxima etapa y seguramente  se prepara para  afrontar algún nuevo desafío en 2017 (¿enfrentar el posible retorno de  Cristina Kirchner en la puja por  el Senado  en el  distrito bonaerense? Probablemente). 
 
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