Hay una tendencia que visualiza a un espectador que siente que la descompensación del otro ha dejado de ser un sistema de distención para transformarse en un ciclo en el que la línea divisoria entre show y realidad, ya no existe. Es que en el desafío por pertenecer y permanecer, los vínculos con la miseria se hicieron sentir más que nunca.
Se revolvió el pasado subestimándolo. Frivolizando situaciones y momentos históricos con hechos horizontales alimentados por protagonistas que sentían -hasta que la mirada social inició su accionar- gloria.
Todos fueron derrapando dentro de una temática llamada “Show” en la que el jugueteo con la cámara, la ambigüedad, el misterio y la desesperación por no desaparecer, pudieron más. Y en esa dinámica perversa, el público, comenzó a optar por el zapping hasta llegar al cable.
Así es como las protuberancias de Tinelli comienzan a decaer y su Bailando, si bien sigue liderando la franja horaria dentro de la fuerte berretificación del Grupo Clarín, devino en un relajo.
“Bailando por un sueño” se convirtió en un espacio casi prostibulario de mujeres urgentes por ser famosas. Famosas camufladas en una performance y envueltas en las sospechas fomentadas por ellas mismas, del uso y abuso de las rodilleras.
El baile se constata como velo para trascender. El sueño es una excusa y el objetivo es exhibirse. Porque ni siquiera razonan sobre los placeres y la funcionalidad que les puede dar, la provocación de una sugerencia.
Todo es alevosamente explícito. Y es entonces, en ese momento, donde el quiebre comienza a producirse y lo que antes se podía maquillar, ahora, reluce por vulgaridad.
Las “enfermedades” comienzan a manifestarse de todas las formas y en todos los ámbitos. Una enfermedad acompañada, inexorablemente, por la dejadez. Esa dejadez que tiene que ver con las ausencias. Con las carencias. Con adolecer de normas básicas, por ejemplo, como el aseo.
Dejadez conceptual. Argumentos poco sólidos en las devoluciones así como en las entrevistas en las que los cronistas deben ayudar a la redacción de una oración con sujeto y predicado.
Una cadena de situaciones que desnudan un grotesco. Una patología voyeur de no guardar, ni siquiera, la intimidad húmeda de las sábanas de tránsito.
LAS CONSAGRADAS TAMBIÉN VUELCAN.
Juntos y revueltos en una Televisión guiada por la irreverencia del despojo de lo privado.
Por la mediocridad actual de una separación alevosamente pública -la de Barbieri y Bal- en la que hay un esmero por superar el espanto de una estructura de pareja artística que sin lugar a dudas lucra con su realidad o bien, con una puesta. Con un armado que vuelve a marcar una enfermedad y con ella, la dejadez de la condición humana.
Ocurre, que cuando todo es demasiado visible, obvio y ajeno a la delicadeza que una mujer debe tener, genera rechazo. Y eso lo que se produce. Rechazo por el oportunismo de un “clientelismo” barato de “nenas de utilería” enfrascadas en el disfraz de “Gatúbelas”.
totalnews